23 de julio de 2014






Mientras respiras entiendes que todo se lo debes a él. Que su voz es tu sustento. Que lo necesitas tanto como al oxígeno que llena tus pulmones.

Descubres que nunca has sido sin su piel, sin su voz, sin su simple presencia. Que necesitas su aliento para tener aliento.

Y mientras esta realidad se te rebela, lo ves caer. Lo ves perderse en su propio miedo y hundirte a ti con él.

Ese miedo que ahoga en el alcohol que quema su garganta acallando así sus llantos, vuestros llantos. Es la misma sustancia que lo transforma en ese hombre cobarde que tanto odio te despierta. El que hace de él un hombre valiente que se ha enfrentado a una realidad demasiado fría y cruda.

Sin embargo, lo amas. Lo necesitas tanto como el necesita a la bebida. Sabes que aunque él siempre será lo primero para ti, tu no eres más que el plato que acompaña a su bebidaY pese a todo, no puedes concebir una vida sin ese ser frágil en el que se ha convertido.