23 de diciembre de 2011


Y cuando por fin tienes tiempo para ti, para pensar, para recapacitar, para simplemente sentir, escribes... Sabes que sólo así podrás expulsar el torbellino de vibraciones que recorren tu cuerpo y tu mente. Dejas que tus manos sean ese hombro que desde hace tiempo necesitas y las dotas de nuevo de ese protagonismo en tu vida que les pertenece y que hace tiempo no les das.

Haces un balance, ahora que tus pies de nuevo toman tierra, y notas cuan cansada ha quedado tu alma... y como siempre, pese a todo lo malo que has sufrido y observado, puedes decir que has aprendido y que algo bueno has sacado de todo ello... y ese algo son: Ellos, esos que evitaban que las lágrimas cayeran al frío suelo, esos que tendieron su mano cuando la tuya temblaba tanto, esos que con sus cuerpos vistieron tu pena, esos que sonrieron ante ti para recordarte como se hace...






Así y a todo, la pena sigue viva en ti, alimentándose de tu ser y consumiendo todo cuanto a su paso encuentra.... Lo único que no conseguirá obtener, son tus recuerdos...


Me he escondido en esta pequeña burbuja. Me he mentido y la pena ha sido menor. Hoy, siento tu ausencia, hoy me doy cuenta de que ya no estás.
Mis ojos una vez más de lágrimas se llenan. No olvidaré jamás los recuerdos que a ti me unen. No olvidaré el sonido de tu voz, ni olvidaré tu forma de hablar. Prometo recordarte como lo que has sido, un hombre bueno y cariñoso que quería a los suyos y se dejaba querer.

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