26 de marzo de 2011

20 minutos.


Y otro año que de las manos de me escapa…  Momentos que regalo al pasado y al recuerdo.  Un día más de mi vida que señala la recta de mi salida…
 Se escucha un disparo y salgo corriendo. Me dispongo a no pensar, a llegar cuanto más lejos aguante mi cuerpo, a disfrutar de este hermoso trayecto.  Una voz grita para indicarme que son 20 los minutos que corriendo llevo… no sé cuanto aguantaré pero las fuerzas no me flaquean.
Cuando empecé la carrera no sabía que debía hacer mas esos ayudantes que la asociación dispuso para mi, me han ayudado bien (y aunque esté fuera de las normas… he de confesar que aún lo siguen haciendo). Debo  decir, que me gusta la carrera, me gustan los retos a los que este juego me expone . He superado todos y cada uno de los obstáculos y sin vergüenza admito haber más de una vez caído. Miles de cicatrices me adornan y aunque en mi se grabaran a fuego lento, todas y cada una de ellas, me  han hecho más fuerte.
Y ahora, que esa voz marca la señal de una nueva etapa en mi carrera, sonrío, porque después del decimoquínto minuto sé que lo importante no es aguantar mucho en ella, ni estar guapa mientras corres, ni sonreír en cada momento, ni no caer…. Lo importante está en disfrutar. Lo importante está en  esa gente que  corre a tu lado, en esa que  te ayuda a levantante y que cura tus heridas cuando las caídas son  imposibles de rescatar. En esa gente que no se separa aunque la cuesta sea empinada, en esa que lucha por seguir su propia carrera y por que tu sigas la tuya…  Esas personas de las cuales no diré nombres pero que se sentirán nombradas. “

24 de marzo de 2011

Entre tus lágrimas me escondo. Entre esas que sin piedad derramas y sin remordimiento secas.
Entre tu aroma me encuento. Entre ese que a todos regalas sin importar lo que por ello siento.

22 de marzo de 2011

Miénteme


Tantas veces me he mentido que desconozco dónde acaba la realidad para darle paso a mis fantasías. Ya no sé si mis mentiras se han cumplido o es que no distingo la ficción de mi propia vida.


Miénteme una vez más corazón, sabes que me gusta como lo haces. Iluminas con mentiras las noches más oscuras...
Dime eso que sabes que quiero oír, no digas ni una verdad, sabes que esas me lastiman el alma.
Escucha la voz de mi interior como grita pidiendo auxilio, esa pobre infeliz incapaz de creer lo que sabe que no es cierto.
Recuerdo aquellos años en los que yo era como es ella, rebelde, luchadora, demasiado lista como para aceptar mentiras sin fundamento, mentiras que yo misma hago, mentiras que aún sabiendo que son eso acepto. O quizá es demasiado tonta, tanto que no se quiere aferrar a la felicidad. ¿Acaso no se da cuenta de que la felicidad está en la ignorancia? En la imaginación... Si, imagino que soy feliz y aunque no lo sea la mentira se alimenta de mi ser y mi ser es … ¿feliz? Demasiado torpe como para aceptarlo demasiado tiempo... ya no me hace feliz ser feliz... Miénteme corazón, dime que no soy una cobarde por pedir tus mentiras. Por vivir sueños y ocultar realidades. Dime que de verdad creo lo que digo, dime que de verdad soy feliz.
 Dímelo tu que en ti confío, pues de mi ya nada creo.

21 de marzo de 2011

El despegue...


Envidia he sentido y lo reconozco sin vergüenza.
Vi sus cuerpos, ajenos a todo y todos, sentir el placer que yo necesitaba, moverse con gracia y libertad. Vi sus almas, invisibles a mis ojos, buscando un momento de paz, buscando, un hermoso lugar. 
Sus caras sentían lo que yo quería sentir. 
La brisa en cada poro de su pequeño cuerpo hacía ondulados sus movimientos, paz y libertad, eso sentían.
Volaban, alzaban sus alas y despegaban del suelo sus cuerpos.
Yo, envidiosa los veía, desde la ventana de mi cuarto, que es la puerta de mis sueños.
La luna, iluminaba mi rostro, ese rostro que envidioso y admirado veía en su realidad lo que tanto había soñado.
Volaban los pajaritos, ignorando su suerte, ignorando mi atenta miranda...
Vi sus cuerpos durante horas...
De pronto, la luna con más fuerza brilló...
Miré mi cuerpo y desnudo se hayaba. Miré mis pies y tierra pisaban. Miré mis manos... y ya no eran manos.
Volé con ellos...
Vi paisajes que ni soñara, sentí cosas que ni pensara...

[Desperté, sobre mi cama mi cuerpo desnudo se hayaba.]